Me topé con "Furiosa: de la saga Mad Max" por casualidad haciendo zapping en la televisión. Aunque las películas de acción pura y dura no suelen ser de mi estilo ni de mi total agrado, el inicio de esta cinta captó mi atención con su estética cuidada y su aire de misterio. Decidí quedarme a verla y, en el intento por entender más del contexto, recordé vagamente la saga original de Mad Max, protagonizada por Mel Gibson, y lo mucho que ha cambiado desde entonces, cuando menos lo que recordaba.
La saga de Mad Max ha recorrido un largo camino desde su origen en 1979 hasta su más reciente entrega en 2024. Aunque ha mantenido una estética postapocalíptica como hilo conductor, cada película ha abordado el mundo devastado de Max Rockatansky desde enfoques muy distintos, con resultados igualmente variados.
La primera película, Mad Max, dirigida por George Miller y protagonizada por un joven Mel Gibson, se sitúa en un futuro aún reconocible, en los márgenes del colapso social. Max es un oficial de policía de caminos que intenta proteger a su familia en medio del caos que se avecina. Es una historia de venganza cruda y personal: tras la brutal muerte de su esposa e hijo a manos de una banda de motociclistas, Max se convierte en un vengador solitario. Esta entrega, con bajo presupuesto y una narrativa sobria, ha sido considerada por muchos como la mejor por su tono contenido y emocional.
La evolución de la saga llevó a Mad Max 2: The Road Warrior, donde el colapso ya es total y Max vaga como nómada en busca de combustible. Aquí se establece el estilo que se convertiría en marca registrada de la franquicia: persecuciones salvajes, vehículos modificados, personajes excéntricos y una lucha desesperada por recursos. Luego llegó Mad Max: Beyond Thunderdome, una película más ambiciosa pero también más errática, con la participación especial de Tina Turner y elementos casi mitológicos y una estética extravagante. Aunque destaca por momentos memorables —como la arena de combate del “Thunderdome”—, su mezcla de tono épico y fantasioso no terminó de convencer a todos.
La saga fue resucitada en 2015 con Mad Max: Fury Road, esta vez con Tom Hardy en el papel de Max y Charlize Theron como Furiosa. A pesar de llevar el nombre del protagonista, la película se centra en Furiosa, quien intenta liberar a un grupo de mujeres esclavizadas por el tirano Immortan Joe. Aunque visualmente impresionante y alabada por la crítica por su energía y estilo, para muchos espectadores el filme se sintió como una persecución interminable con poca sustancia narrativa.
Apenas el año pasado llegó Furiosa: A Mad Max Saga, una precuela que explora los orígenes del personaje de Theron, ahora interpretado por Anya Taylor-Joy. La cinta inicia con fuerza, con una construcción de mundo más profunda, pero gradualmente retoma la fórmula de las anteriores: personajes hiperbólicos, villanos caricaturescos y acción constante. Para quienes esperaban una historia más introspectiva o una evolución del tono, Furiosa puede parecer más de lo mismo.
La saga Mad Max es, sin duda, una de las más influyentes del cine postapocalíptico, pero también una que ha mutado radicalmente con el tiempo. Desde la venganza íntima de un hombre quebrado hasta la espectacularidad sin freno de un mundo salvaje y estilizado, Mad Max ha dejado su marca… aunque no siempre con la misma fuerza narrativa..

No hay comentarios:
Publicar un comentario