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martes, 24 de junio de 2025
viernes, 20 de junio de 2025
SUPERMÁN VUELVE CON ALMA… Y MARVEL sigue buscando el Wi-Fi.
Recuerdo la primera vez que vi a Superman volar. No en el cine, claro, pero ahí estaba: el hombre que podía cambiar la dirección de un río, detener un tren, y aún así preguntarle con humildad a una señora si todo estaba bien.
Superman era eso: el héroe sin pose, el que no necesitaba ser oscuro ni rudo para ser fuerte. Su poder no venía solo de volar o tener visión láser, sino de creer en las personas. Y eso, durante las últimas décadas, se perdió.
En la era post-Nolan, a alguien en Warner se le ocurrió que lo “maduro” y “realista” era sinónimo de deprimente. Y así llegó “Man of Steel”, con un Superman serio, acartonado, dudoso y rodeado de puro alienígena mala onda. Henry Cavill, sí, tenía toda la pinta, la quijada, un traje estilizado y hasta la mirada… pero nunca le dejaron ser el verdadero Superman.
Era como tener a Messi y ponerlo de portero.
Las películas lo enfrentaron a puro ente intergaláctico musculoso, destrucción masiva y dilemas filosóficos en tonos grises. Y aunque algunos amamos ciertos momentos, hay que decirlo: Superman dejó de brillar. Literal.
Y entonces… aparece un tráiler. Y sentimos otra vez.
Vi el tráiler de Superman y sentí algo que no sentía hace años: ilusión.
No de ver batallas cósmicas o cameos sorpresa. Ilusión de volver a ver al verdadero Superman: el que inspira, el que cree en las personas, el que nos recuerda que la bondad sigue siendo posible.
Pero ¿qué vi en los tráilers que me da tanta esperanza?
Primero que nada el color regresa. No solo en el traje (más vivo, más clásico), sino en la luz, los paisajes, la atmósfera. ¡El mundo de Superman vuelve a tener sol!
Después un Clark más humano. Lo vemos confundido, tímido, tratando de encajar… pero también decidido a hacer lo correcto, aunque el mundo no lo entienda. Esa es la esencia del personaje: ser extraordinario y elegir la bondad.
El Supermán de David Corenswet, asombrosamente parecido a Christopher Reeve, es una mezcla de emoción, humor y ternura. La escena con sus padres, sus dudas, su conexión con el mundo real. Ya no es un dios entre mortales, es el muchacho de Kansas con corazón noble que quiere hacer el bien.
Y la música. Aunque aún no se libera por completo la banda sonora, el tono orquestal y épico del tema original sugiere que buscan recuperar esa sensación de volar, de esperanza universal, y tú al escucharla, piensas: ¡ahí estás! ¡Tú eres Superman!
La nueva película dirigida por James Gunn (el mismo de “Guardianes de la Galaxia”) promete un regreso a la esencia. Y lo mejor: no parece un reboot por obligación, sino una película hecha con cariño. Con corazón. Con propósito. Una cinta que entiende que Superman no necesita redención: necesita verdad.
Y eso ya es mucho decir en un mundo donde los superhéroes se han vuelto influencers con capas.
Marvel, ¿estás bien? ¿Te traigo un suero?
Del otro lado del multiverso cinematográfico, Marvel saca su jugada del verano: Los 4 Fantásticos.
El reboot número… ¿cuántos van? ¿Tres? ¿Cuatro si contamos el de los 90 que nunca salió?
Con un reparto de lujo. Pedro Pascal como Reed, Vanessa Kirby como Sue, etc., la fórmula promete visualmente. Hasta se ve bonito. Pero uno no puede evitar pensar:
¿Es esta una película que nace del alma o de una junta de PowerPoint?
Me parece que el público está fatigado y exige historias con alma, no fórmulas ni cameos reciclados. Marvel, antes rey del hype, hoy camina sobre hielo delgado. Ya pocos corren al cine por “la escena postcréditos”. Lo que queremos ahora es sentir. Creer. Conectar.
Y Los 4 Fantásticos, aunque con potencial, huelen más a intento de recuperar la gloria pasada que a algo verdaderamente fresco. Como cuando regresas con tu ex “porque antes funcionábamos”.
Lo curioso es que este verano veremos algo que empezábamos a olvidar: Dos grandes franquicias. Dos regresos.
Pero solo una película parece tener claro por qué quiere existir.
Superman no viene a encajar en un universo. Viene a recordarnos que aún se puede creer en lo bueno.
Marvel, en cambio, parece desesperado por decirnos “¡Mira, todavía sé hacer esto!”… como si fuera un tío en la boda tratando de bailar TikTok.
Desde luego, hay quienes no ven lo mismo que yo. Hay quienes vaticinan un fracaso justo por las mismas razones en las que yo veo un exitazo. Y está bien.
Pero yo, honestamente, ya elegí.
No porque odie a Marvel —me dio momentos gloriosos, lo admito y se lo reconozco—, sino porque hace mucho que no salgo del cine con el corazón lleno después de ver a un héroe.
Y sí, claro que veré Los 4 Fantásticos. Porque aún tengo fe en que Marvel vuelva a sorprendernos. Pero por lo visto hasta ahora, yo me subo al cohete de Superman.
Tal vez —solo tal vez— nos devuelva eso.
jueves, 19 de junio de 2025
CÓMO ENTRENAR A TU DRAGÓN, NOSTALGIA EN CARNE Y ESCAMAS
Hay adaptaciones que parecen innecesarias, y otras que —aunque sigan el mismo libreto— logran tocarte el alma de una forma distinta. El live action de ‘Cómo entrenar a tu dragón’ no revoluciona nada. No cambia el rumbo del cine. No aporta una nueva lectura ni forza una reinterpretación moderna con discursos ‘post’ lo que sea. Y, sin embargo, emociona. Te sacude. Y, si eres de corazón más blandito que vikingo, hasta una lagrimita te arranca.
Estrenada el pasado 13 de junio, “Cómo entrenar a tu dragón” en versión live action, demuestra que, aunque sepas exactamente lo que va a pasar, aún puedes conmoverte. Incluso más que antes.
Con Dean DeBlois regresando como director (sí, el mismo de la trilogía animada original de DreamWorks), este proyecto era un arma de doble filo: podía ser una copia sin alma o una adaptación con cariño. Afortunadamente, es lo segundo.
No innova ni busca reinterpretaciones forzadas. La historia es la misma: Hipo, un adolescente que no encaja, conoce a Chimuelo, un dragón que tampoco encaja y una amistad improbable que termina por cambiar su mundo y el nuestro. Pero esta vez, la fotografía eleva cada escena con una belleza visual que por momentos parece sacada de una pintura épica. Los acantilados, los vuelos, la neblina vikinga: todo se siente más grande y más íntimo a la vez. Un diseño de producción que hace que el poblado de Berk luzca tan real como mítico, y un trabajo de sonido envolvente que logra elevar aún más el vuelo emocional de cada escena.
Recomendación importante: si tienes oportunidad, vela en IMAX. No solo por lo visual, que ya de por sí es impresionante, sino porque la mezcla de sonido y la escala de las escenas de vuelo realmente se sienten como una experiencia inmersiva. La pantalla gigante no solo agranda a los dragones… agranda la emoción.
El casting, por su parte, acierta sin ser copia exacta de sus versiones animadas. Mason Thames (Hipo) y Nico Parker (Astrid) no sólo se parecen lo justo, encarnan la esencia. Y eso vale más que cualquier fidelidad estética. Ella tiene firmeza y ternura en igual medida. Él proyecta esa mezcla de duda y coraje que definió al Hipo original por lo que logran hacer creíble una historia que ya conocíamos… pero que ahora se siente más humana, personas de carne, hueso… y cicatrices emocionales.
A nivel técnico, el filme no decepciona. Los dragones, ese otro punto crítico de cualquier fan, están muy bien logrados. Si partimos de que son criaturas fantásticas y que nuestra única referencia real son perros leales y gatos con alas (en actitud), entonces sí: Chimuelo y compañía están a la altura. Son creíbles, tiernos, majestuosos cuando deben, y sobre todo… expresivos. Lo suficiente como para sentir que hay algo ahí más que píxeles.
¿Pudieron haberse arriesgado más en su diseño? Quizás. Pero, seamos honestos: no tenemos una referencia real de cómo debe lucir un dragón, así que nuestra imaginación colectiva acepta con gusto esta criatura adorable y feroz a la vez.
¿Aporta algo nuevo? No. ¿Le resta emoción? Tampoco. Porque aunque sepas lo que va a pasar, te lo cuenta con tanta sensibilidad que terminas cayendo de nuevo. Como quien vuelve a leer una carta vieja o visitar la casa de la infancia. No hay sorpresa, pero hay sentimiento.
Aunque hay quien acusa falta de riesgo, la mayoría coincide en que la película funciona porque no pretende ser otra cosa. A veces, lo conocido también reconforta.
Y el público ha respondido. En su primer fin de semana, ‘Cómo entrenar a tu dragón’ recaudó 197.8 millones de dólares a nivel mundial, incluyendo 83.7 millones solo en EE. UU. y Canadá. Superó con eso el arranque de cualquiera de las tres películas animadas originales. Para un filme con un presupuesto estimado en 150 millones, eso no solo es buena señal, es una afirmación clara: la gente quería volver a volar con Chimuelo..
Y, personalmente, lo confieso: esta vez sí lloré. Con la animada no me pasó. Quizás porque la animación te deja una pequeña barrera emocional. O quizás porque ahora, con actores de carne y hueso, el dolor, el amor y el final feliz se sienten más tangibles. Más cercanos. Más nuestros.
Así que no, ‘Cómo entrenar a tu dragón’ (live action) no reinventa nada. Pero logra algo cada vez más raro en el cine: emocionar, aún sabiendo lo que va a pasar. Y eso, en estos tiempos de fórmulas recicladas y cinismo narrativo, se agradece como un buen vuelo: silencioso, hermoso, libre.














